“Bubka no salta. Vuela. Todos los demás saltamos, pero si quieres competir con él tienes que estar preparado para volar”. Con esta frase del pertiguista bielorruso Dmitriy Markov definió como nadie a Sergei Bubka, en una entrevista concedida a un periódico australiano.
Sergei, nacido en la Ucrania soviética, es sin duda el mejor saltador de pértiga de todos los tiempos. Un simple dato es suficiente para sostener una afirmación a priori tan atrevida: 35 récords del mundo. Esa astronómica cifra fue alcanzada por el saltador soviético durante su dilatada carrera.
Bubka, nacido en Voroshlilovgrad (actual Ucrania) el 4 de diciembre de 1963, ganó ya con solo 20 años (1983) el Campeonato del Mundo en Helsinki, en lo que supuso una gran sorpresa. Un año después, en 1984, el ucraniano logró batir el récord mundial 9 veces, 4 en pista cubierta y 5 al aire libre.
Bubka continuó batiendo, centímetro a centímetro, sus propias plusmarcas. Además de los 35 récords a los que ya se ha hecho referencia, Sergei consiguió un oro olímpico (Seúl '88) y seis victorias en sendos campeonatos del mundo, algo que tampoco ha sido superado hasta la fecha.
Bubka ha recibido numerosas condecoraciones. Entre ellas, recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Hoy es miembro destacado del Comité Olímpico Internacional.
A la hora de recordar grandes boxeadores solemos remontarnos a los tiempos de George Foreman y Muhammad Ali, padres del boxeo moderno y protagnistas de una edad del oro de este deporte. Pero antes que ellos hubo pugilistas de igual categoría, que servirían de inspiración para la mentada generación venidera.
Entre esos pugilistas de antaño destaca la historia de "Sugar" Ray Robinson. Nacido en 1921 con el nombre de Walker Smith Jr. en Georgia, su familia se mudó a Nueva York para eludir la discriminación racial del sur. Fue en el gimnasio de su barrio en Harlem donde Walker se inició en el boxeo, colándose en las instalaciones con un carné de un amigo llamado Ray Robinson, nombre con el que se le pasaría a conocer profesionalmente al joven Walker.
Su talento natural empezó a atraer atención. Era rápido, listo, fuerte, habilidoso, pícaro y tenaz. El que más tarde sería su entrenador, George Gainford afirmó que su estilo era "dulce como el azúcar". La gente coincidió con él y el apodo se quedó: "Sugar".
Tras ganar el campeonato New York Golden Gloves en 1940, un Ray de diecinueve años dio el salto a la categoría profesional y no volvió a mirar atrás. Su reinado incluyó una racha de 91 combates invicto. El titulo mundial de la categoría welterweight fue suyo durante 5 años, entre 1951 y 1960. Se retiró en 1953 para trabajar profesionalmente como bailarín en el Cotton Club con su mujer. Volvió al ring 2 años y medio más tarde para recuperar el título welterweight una vez más. Fue una fuerza dominante en el boxeo durante dos décadas, tenía 38 años cuando ganó su último título mundial.
De Sugar Ray Robinson se han dicho muchas cosas. Es sin lugar a dudas uno de los más grandes boxeadores de todos los tiempos. Ali dijo de él: "El rey. El maestro. Mi ídolo." Legendario fue su rivalidad con Jake La Motta, con quien peleó en numerosas ocasiones, protagonizando espectaculares asaltos y una rivalidad ya mítica. Ambos sentían mutua admiración. Jake dijo de Ray Robinson "peleé con él tantas veces que me sorprende no ser diabético".
Jake anunció su retirada consciente de su declive en 1965. Murió en 1987 con alzheimer. MartinScorsese retrató su rivalidad con Jake la Motta en la película "Toro Salvaje" (1980).
El 2008 ya es un año legendario para el deporte español. Sin duda en las últimas décadas no ha habido ningún año que pueda compararse deportivamente con el que acaba de cerrar. Y es que 2008 resalta por sus tremendos éxitos en las más variadas disciplinas.
Empecemos por un joven y carismático personaje que sigue haciendo historia. El tenista mayorquín Rafa Nadal se coronó como rey español de Wimbledon por primera vez en 42 años. La final de este torneo contra el legendario Roger Federer se augura ya como uno de los más grandes partidos de la historia del tenis. Igual de meritoria fue su victoria en los Juegos Olímpicos de Pekín. Por su esto fuera poco, cabe mencionar los triunfos de Rafa en Queen´s, en el TMS de Montecarlo y proclamándose una vez más campeón del Roland Garrós, a parte de pasar a ser oficialmente el número uno.
Fuera de Rafa Nadal, el tenis español ha vivido otra gran alegría. Es la victoria en el torneo de la Copa Davis, trofeo conquistado por Feliciano, Granollers, Ventura, Ferrer, Verdasco y el entrenador Sánchez Vicario, que hicieron un gran torneo y vencieron a una poderosa Argentina en la final. (Recordemos que Nadal no pudo disputar este trofeo por lesión).
El ciclismo español también ha vivido un año magistral. El madrileño Carlos Sastrese proclamaba campeón del Tour de Francia a la veterana edad de 33 años, mientras que Alberto Contadorse hacía con las victorias en el Giro de Italia y la Vuelta a España. No está nada mal.
Los JJOO nos dejaron también una estupenda actuación por parte de nuestra querida selección de baloncesto, que perdió honorable y polémicamente en una final contra EEUU. Nos dejaron un buen sabor de boca pues pudimos comprobar talento, garra y pundonor fuera de lo habitual y dignos de admiración.
Pero sin duda la alegría más sonada que nos ha brindado el deporte este año es la victoria de nuestra selección de fútbol en la Eurocopa. Hacía más de 40 años que nuestra selcción no se hacía con este título, que por otro lado era el mayor logro del equipo en su historia. En Austria y Suiza una increíble selección caudilleada por un magistral Iker Casillas y adoctrinada por un Luis Aragonés más sabio que nunca firmó un campeonato digno de epopeya. El gol de Torresen la final quedó grabado en nuestras memorias como un momento dorado y precioso. Con esta victoria España se reivindica internacionalmente en el deporte rey, y avisa para el Mundial de Sudáfrica...
El 29 de octubre de 1994, Jorge Valdano, el entonces técnico del Real Madrid, daba entrada en el campo a un joven chaval de la cantera blanca. Muy pronto se iba a hacer un fijo en las convocatorias del primer equipo e iba a eclipsar al hasta la fecha gran figura en la delantera blanca: Emilio Butragueño. De hecho en el siguiente partido, el derbi contra su club de formación, el Atlético de Madrid, va a poner en pie al coliseo blanco. Marca un golazo, da otro y provoca un penalti. El `7´ de Butragueño iba a pasar a manos de la nueva perla del Real Madrid, Raúl González Blanco. Un futbolista al que no le va a pesar el llevar el peso de suplir a todo un icono blanco como era el buitre. Tanto es así, que a día de hoy está a tan sólo tres goles de alcanzar a toda un leyenda blanca como Alfredo Di Stefano convirtiéndose así en el máximo goleador de la historia blanca. Un posible hecho que acompañaría a los ya conseguidos como son el de máximo goleador de la historia de España con 44 goles y de la Liga de Campeones con 64 goles.
El Gran Capitán del actual Real Madrid nació un 27 de junio de 1977. Desde los 13 recala en las categorías inferiores del club del que su padre era gran aficionado, el Atlético de Madrid. Sin embargo, dos años después pasa al eterno rival alegando, los colchoneros, problemas económicos. Así, en 1994 debuta en primera división y comienza su fulgurante carrera. Pronto se va a convertir en un fijo en el once del equipo que ese año conseguiría el título liguero y ya en su segunda temporada va a anotar 19 dianas en liga, hecho que no le va a servir para ser uno de los elegidos por Javier Clemente para disputar la Eurocopa de Inglaterra en 1996. De todas formas, Raúl contaba tan sólo con 19 años y sabría que oportunidades no le iban a faltar. En la siguiente temporada y de la mano de Fabio Capello el Real Madrid se lleva el trofeo de la regularidad y en el que el joven jugador blanco anota 21 goles.
Llegamos a la temporada 97-98, un año marcado por la irregularidad blanca en el torneo de liga. Sin embargo, un hecho esperado y muy destacable se produce. Se trata de la consecución de la ansiada "séptima". El 20 de mayo en el Amsterdam Arena el Real Madrid ganaba por 1 gol a cero a la Juventus con el famoso gol del montenegrino Mijatovic. El esperado título regresaba a la ciudad del Manzanares 32 años después.
Tras estos días de celebración, Javier Clemente daba su lista de convocados para el Mundial de Francia. Esta vez no había dudas. Raúl ya era un fijo para el de Barakaldo y con él en el once se presentó España en su debut ante Nigeria, con la cual cayó por 3-2 con un magistral zurdazo de Raúl en el minuto 47. Tras este traspiés había que intentar enmendarlo, pero no pudo ser. Raúl en su primera gran cita con la selección se iba para casa a las primeras de cambio.
Sin embargo, el`7´ no iba a tardar en desquitarse del mal trago. El 1 de diciembre se disputa en Tokio la copa Intercontinental ante el Vasco de Gama, donde Raúl consigue uno de esos goles que no se olvidan en la retina de los aficionados al fútbol. Baja la pelota con un magistral control de zurda tras un pase en diagonal de Seedorf, sienta a un defensa, recorta al segundo y bate al portero con la diestra. Suponía el definitivo 2-1 que daba la tercera Intercontinental a las vitrinas blancas. En esta temporada Raúl conseguiría, asimismo, su primer galardón individual, el trofeo Pichichi debido a los 25 goles anotados en liga. Desde luego se había resarcido del desastre mundialista.
Raúl González va a seguir adquiriendo títulos para la parroquía blanca. Así, de nuevo, se va a encontrar ante su segunda final en Liga de Campeones. El escenario del partido sería París, donde el Real Madrid, no quería que se le escapará el galardón de ser el mejor club del siglo, a pocos meses de que se acabara. De esta forma, el Real Madrid no dejó escapar su octava Copa de Europa y se impuso en una final española al Valencia por 3-0. Era un 24 de mayo del 2000 y Raúl anotaba su primer gol en una final de estas características, con el que además se encumbraba como el máximo goleador de esa edición de la Champions con 10 goles.
De nuevo, y tras la consecución del título continental, el jugador madridista tenía que desplazarse a la concentración de la selección para disputar la Eurocopa de Bélgica y Holanda, que significaría su debut en la disputa de una fase final de naciones europeas. Sin embargo, nuevamente, el maleficio de la roja nos seguiría persiguiendo. El fatídico cruce de cuartos nos mandaba para casa. No obstante, esta vez, Raúl tuvo en sus botas la oportunidad de cambiar la historia. Transcurría el minuto 90 cuando Abelardo cayó en el área francesa y el mediático Colina señaló los once metros. Era la oportunidad de igualar el encuentro y trasladarlo a la prorroga. El lanzador habitual Mendieta había sido sustituido y el que se enfrentó con la posibilidad de alcanzar las semis fue la figura española. Sin embargo, falló. Empalmó el balón a las nubes y de nuevo los sueños de tantos españoles en balde. A pesar del falló, solo el coraje y la determinación para lanzar este penalti tan crucial, es para dar cuenta de su liderazgo. Como Maradona, Baggio, Beckham, Shevchencko o Cristiano Ronaldo, Raúl también amarró. Quizás este fallo le pudo alejar del Balón de Oro, un galardón que ha merecido durante toda su carrera. Tras el partido Raúl declaraba: "He llorado porque lo tenía dentro y lo necesitaba para desahogarme". Sin embargo, Raúl tenía entonces 22 años y este hecho no debía pasarle factura. Otros logros le esperaban: "Llevaba mucho tiempo esperando este momento. Las oportunidades pasan y hay que aprovecharlas. Hoy se ha escapado una, pero habrá más." Se lamentaba un esperanzado Raúl.
Dos fases finales con España y dos varapalos, aunque aún llegarían más. No cabe duda de que el aficionado de España era un sufridor por naturaleza, aunque cosa distinta ocurría en el terreno de clubes. El Real Madrid, de la mano de Raúl, que consiguió su segundo pichichi, conquistó la Liga 2000/01, y al año siguiente agrandó su leyenda estableciéndose como el club dominador del viejo continente: tres Champions en cinco años. En la final de Glasgow, Raúl anotó el primer gol tras recibir un largo pase de banda de Roberto Carlos, aunque sería eclipsado por uno de esas figuras que marcan grandes goles en momentos decisivos. Estoy hablando de Zinedine Zidane con la famosa volea que daba ventaja a los blancas y establecía el que sería el definitivo 2-1. Y, por tercera vez, después de ganar el trofeo continental, vieje al Oriente para la disputa del Mundial. Y, como saben, no se esperen sorpresas: España cae en los cuartos de final en la aleatoria tanda de penaltis, en un partido en el que Raúl no pudo disputar por lesión. A partir de ahora, tras la retirada de la selección de Fernando Hierro, la capitanía pasaba a manos de Raúl, un jugador que como el nuevo seleccionador Saénz señalaba sería el encargado de tirar del carro, o dicho de otra forma, sería el ferrari español.
El equipo merengue de principios de siglo era el llamado de los galácticos: Figo, Roberto Carlos, Zidane y las inminentes llegadas de Ronaldo y Beckham, además del icono de la cantera blanca, Raúl. En 2003, un nuevo título, el que a la postre sería el último de la era galáctica. Era un equipo plagado de estrellas pero que a partir de la marcha de Del Bosque y Hierro se convirtió en una jaula con no fácil domador. Por primera vez, el Gran Capitán, aparecía como el estandarte de la plantilla madridista. Sin embargo y arrastrado por las malas épocas en las que iba a transcurrir su equipo del alma, el `7´ iba a bajar en su rendimiento. De forma progresiva van a irse acumulando las críticas contra el capitán madridista. Los aficionados estaban demasiado mal acostumbrados a su espectacular rendimiento que este bajón significará la llegada de multiplicidad de críticas. Sin embargo, un dato a anotar es que tanto Queiroz, como Remón, Luxemburgo, López Caro y los dos últimos Capello y Shuster no han dejado de confiar en él. Es evidente que esto no está ligado a la subjetividad de cada entrenador.
Volviendo al tema de la selección, Raúl acudió a Euro de 2004 en Portugal en la que fuimos eliminados en primera ronda y al Mundial de Alemania en las que caímos, de nuevo, frente a la selección gala. Los rumores de este último mundial con respecto a la mala relación del seleccionador Aragones con respecto a los pesos pesados del vestuario van a provocar, que tras el Mundial, el, hasta entonces capitán de la roja, no se vuelva a enfundar dicha equipación.
A partir del 2006 se centrará únicamente en su club para intentar sacarlo de la sequía de cinco temporadas en las que se había visto inmerso. Con Capello, el Madrid vuelve conseguir la Liga tras concluir la era galáctica, aunque el Gran Capitán seguía en el punto de mira. Desde luego no era el de antes, pero su contribución para cada entrenador continuaba. Tendría que ser al año siguiente cuando, ya con 30 años, volviera por su fueros. La temporada 2007/o8 vuelve a sus registros anteriores consiguiendo 23 tres goles que ayudan a conseguir la Liga, aunque no resultan suficientes para que Luis Aragones confíe en él entre los elegidos para la Eurocopa de Austria y Suiza. El seleccionador tenía configurado su grupo con el que conseguiría algo inaudito: ser campeones de Europa, lo que serviría como caldo de cultivo para que algunos oportunistas criticarán y pusieran en el ojo del huracán al Gran Capitán. Un Raúl, que va a permanecer ajeno a todo tipo de polémicas y va a seguir a lo suyo, que es marcar goles. Esta temporada, por ahora, lleva 12 y un promedio goleador solo superado por los dos años del pichichi. Desde luego, donde el `7´habla es en el campo, y ahí los números son abrumadores. Si es cierto que su velocidad no es la de antes, pero su olfato y oportunismo para estar en el lugar adecuado permanece inalterable. Por ahora, es una referencia en el ataque blanco y sigue pulverizando todos los registros ¿quién sabe hasta donde llegará? y, ¿si volverá algún día a enfundarse la roja?, porque las palabras de ayer, 23 de diciembre, del seleccionador son elocuentes: "Raúl puede volver en cualquier momento."
En los lanzamientos de penalti se mezcla peligrosamente la aparente sencillez de llevarlo a cabo con la gran responsabilidad que ello conlleva. Un penalti puede suponer un gol de ventaja, puede suponer el acceso directo a la gloria de la victoria, pero puede también suponer un episodio traicionero que recordar con resignación y lamento el resto de la vida. Se espera que el tirador acierte el penalti, ya que es más fácil meterlo que que lo pare el portero; nadie le echa en cara a u portero el no haber parado una pena máxima bien tirada, pero si el tirador erra su intento, puede esperar que la afición se le eche encima. No en vano se suele decir que los penaltis no los paran los porteros, sino que los fallan quienes los tiran. Numerosos son las casos de grandes jugadores que llegado el momento de convertir el tiro desde los 11 metros han defraudado a su equipo y a su afición. En este artículo repasaremos algunos de estos grandes futbolistas cuyos fallos cambiaron para siempre la historia del fútbol. Claro que los penaltis errados más recordados son aquellos que impiden una gran victoria al equipo en cuestión. ¿Quién se acuerda de que C. Ronaldo erró su penalti en la tanda de la final de la Champions de la temporada pasada? Nadie se lo reprochó, pues su equipo salió triunfante de todas maneras. Pero en ese mismo partido John Terry tuvo malísima suerte cuando resbaló al tirar su penalti; los afcionados del Chelsea nunca lo olvidarán. Los penaltis que se nos quedan clavados como espinas son aquellos de mayor trascendencia. Todos los seguidores del Villarreal se acuerdan de cuando Riquelme falló el penalti contra el Arsenal en semifinales de la Champions de la temporada 2005-2006, penalti que pudo haber significado el paso a la final... Sufrimos también al comprobar cómo Joaquín se lo ponía demasiado fácil al portero koreano en el Mundial de 2002 y España quedaba eliminada. Los españoles aun tenemos en la retina el notorio penalti que Raúl González Blanco mandó a las nubes y que nos habría servido para seguir vivos en la Eurocopa de 2000: Pero Raúl no es el único en haber fallado un penalti de esta manera. David Beckham haría lo propio contra Portugal en la Eurocopa de 2004. Pero sin duda, el penalti malogrado por encima del travesaño más famoso fue el que lanzó Roberto Baggio en la final del Mundial 1994 que dio el trofeo a Brasil. Estas cosas nos ayudan a ver que los más grandes también fallan, son humanos.
El rugby es un deportre con poca trascendencia en España. Sin embargo, aunque desconozcamos sus reglas, sus grandes torenos, y su historia, cabe que nos maravillemos ante personajes como la que será protagonista de esta entrada.
El neozelandés Jonah Lomu ya se considera uno de los mejores jugadores de la historia de este deporte británico. Para empezar, reune unas condicionaes físicas muy fuera de lo normal: con una altura de 1.96 metros y un peso de 120kg, podía correr 100 m en 10.3 segundos. Por ello le apodaban "la locomotora", y su carrera de frente sembraba pánico entre los desdichados que tenían que placarle (de hecho, en la final del Mundial de 1995, el entrenador de la selección sudafricana prometío un incentivo para todo aquel que derribara a Lomu).
A pesar de haber llevado a los clubes Chiefs, Blues y Hurricanes a lo más alto de las ligas de las antípodas, sus mejores momentos y grandes éxitos los conquistó en la selección neozeladesa, (el histórico equipo de los All-Blacks, notorios por su escalofriante "haka"). Con los suyos, Lomu logró numerosos títulos entre los que destacan los torneos Tres Naciones de 1996 y 2002. En 1998 ganó el oro en los Juegos de la Mancomunidad. Brilló en los dos mundiales en los que participó, sin llegar a alcanzar el título. En 1995 firmó una terrorífica actuación marcando 15 ensayos en la competición (aun hoy el record de más ensayos marcados por un jugador en una competición mundial), pero perdío ante una motivadísima Sudáfrica en la final. En 1999 cayó en semifinales en un torneo que ganaría Australia.
Lomu fue famoso por encarar al defensa contricante a altísimas velocidades y con una expresión de locura irracional altamente intimidante. Sin embargo, fuera del campo es una persona dócil y bondadosa que admite que en el rugby hay que tirar del teatro para asustar. Lomu también cuenta con el record de ser el All-Black más joven de la historia, al haber debutado con su selcción con sólo 19 años y 45 días. Su principal arma fue su arrolladora velocidad y su portentoso reprís. Su complexión no es la de un ala típico (posición reservada para los jugadores más ligeros y habilidosos) pero su sprint sin parangón justifica que haya sido el mejor ala que haya militado en los All-Blacks y que tras el mundial de 1999 los Colts de Indianapolis le hicieran una millonaria oferta para que se pasase al fútbol americano.
Lomu no ha tenido mucha suerte con la salud, y desde 2003 ha peleado con un síndrome nefrótico que le ha mantenido lejos de los terrenos de juego. Trsite pero cierto es que todos sus intentos de volver a la élite fracasaron y hoy, a sus 33 años ya se ha retirado del rugby tras probar suerte en el modesto club galés de los Cardiff Blues en la temporada 2006-2007.
El deporte del siglo XX y la lucha contra el racismo van íntimamente relacionados. En este blog ya hemos tratado los casos de Ali Y Jesse Owens, ilustres deportistas que a través de los esfuerzos y logros en sus respectivas disciplinas pudieron alcanzar la gloria y reivindicar a una clase muy desfavorecida. Otro nombre a tener en cuenta es el de Jackie Robinson, nacido en el seno de una humilde familia en 1919, en Georgia, USA. Su madre se encargó de criarle a él y a sus cuatro hermanos sola. Era la única familia negra del barrio, y la constante discriminación sólo hizo más fuerte su unión. De estos humildes orígenes saldría el gran talento que rompería la llamada barrera del color (“Color Barrier”) que había separado a negros y blancos en el mundo del baseball durante más de 50 años. Desde joven, Jack presentó excepcionales aptitudes como atleta. En la UCLA se le ofreció la oportunidad de representar a dicha universidad en los equipos de football americano, baloncesto, baseball y atletismo. En 1941 sería convocado para formar parte del All-American team, equipo integrado por los mejores jugadores de football americano. Pero las dificualtades financieras le obligaron a abandonar la universidad en 1942, año en que se alistaría al ejército, donde pasaría dos años. A su regreso, empezó a jugar en el Kansas City Monarchs de la Negro Baseball League (liga nacional sólo para gente de color), y pronto recibió una oferta que conmocionó a toda la nación: Los prestigiosos Brooklyn Dodgers querían hacerse con su servicio. Un cazatalentos de los dodgers había visto a Robinson jugar para los Monarcas y había vislumbrado una promesa excepcional. Robinson aceptó la oferta, hecho que no estuvo libre de polémica. Al enfundarse la elástica de los Dodgers, las protestas por parte de los seguidores blancos fueron múltiples, llegándose a boicotear los partidos. Pero con templanza y serenidad, Robinson demostró que tenía sitio más que justificado en ese equipo, deleitando partido tras partido con su excelente vigor en el juego y polivalencia en las posiciones. En diez años con los Dodgers, los llevó a conquistar seis veces la World Series, fue elegido el jugador más valioso de la liga en 1946, 1947 y 1949, y fue un fijo en el equipo All-Star de baseball entre 1947 y 1954. También fueron habituales los records de estadísticas que Robinson batía temporada tras temporada. Pero sin duda su mayor logro fue demostrar que negros y blancos pueden jugar juntos, embelleciendo el juego en el proceso y rompiendo así una barrera discriminatoria vigente desde 1889, convirtiéndose así en un auténtico icono nacional.